MEDITACIONES DE UN AMBIENTÓLOGO EXCAVANDO EN CAN MATA

Sol, calor.

Fue a trabajar. Algo en el ambiente. Lo encontró, un cráneo humano que no debía estar allí, no tenía sentido. Se lo llevaron, le hicieron pruebas, unos pocos miles de años.

Por eso no debía estar allí.

Le reconstruyeron la cara, se preguntaban, ¿cómo sería?

Sorpresa, por alguna razón se le parecía demasiado. ¿Podían existir dos personas tan parecidas con miles de años entre ellas? ¿Qué explicación tenía? Faltaban respuestas.

La primera era poco probable, decían, cosas de la estadística y la combinación de caracteres para resultar en un mismo genotipo. Pero el ambiente desmontaba la hipótesis.

La segunda surgió, nació de dentro, corrió entre los despiertos, respondía a algo ignorado.

Aquella coincidencia relacionaba pasado y presente, presente y futuro. El presente de la humanidad no era ajeno a la evolución. De alguna forma, hombres y mujeres recuperaban el vínculo con el mundo y consigo mismos.

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